Clemencia para don Álvaro o Pedro Sánchez el magnánimo

En esto de defender al prójimo, que es oficio de alto riesgo, suceden cosas muy raras y desconcertantes, cuyos motivos ignoro. Digo esto porque un grupo de gente respetable me ha pedido que redacte un documento a favor del indulto que el presidente del Gobierno, según anunció el pasado viernes, se propone conceder a Álvaro García Ortiz y que, además, añadió, lo haría antes del próximo 29 de noviembre, fecha de jornada electoral.

Confieso que hace muchos años que me propuse no firmar manifiestos ni proclamas a favor o en contra de nada ni de nadie, pero como la petición tiene claro tono de ruego e incluso me recuerdan que en el año 2014 escribí uno a favor del indulto reclamado para Baltasar Garzón, creo que, sin quebrantar mi promesa, puedo acceder a la solicitud. De ahí el presente texto que me he permitido elaborar y que, además, tampoco difiere mucho del que concebí para quien fue juez de la Audiencia Nacional.

Manifiesto que para su firma y rúbrica ofrece un grupo de partidarios de don Álvaro García Ortiz, a quienes la condena del que fue fiscal General Estado les produjo tan terrible desazón que desde entonces naufragan en un profundo mar de tristeza.

Los abajo firmantes, fulanos, menganos, zutanos y perenganos, cuyas circunstancias personales constan en el acta notarial adjunta, ante la proximidad de la decisión que el Gobierno que preside don Pedro Sánchez Pérez-Castejón ha de tomar con relación al indulto de quien fue fiscal general Estado, don Álvaro García Ortiz, MANIFIESTAN

1. Como es sabido, fue el 9 de diciembre de 2025 cuando la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo condenó a don Álvaro García Ortiz, como autor de un delito de revelación de datos reservados, tipificado en el artículo 417.1 del Código Penal, a la pena de multa de 12 meses con una cuota diaria de 20 € e inhabilitación especial para el cargo de Fiscal General del Estado por tiempo de 2 años, al pago de las costas procesales, y a que, en concepto de responsabilidad civil, indemnizara a Alberto González Amador en la cantidad de 10.000 €.

 2. Tras la sentencia, varias personas afines a don Álvaro, con el respaldo de la Asociación de Española para la Defensa Internacional de los  Derechos Humanos, solicitaron el indulto en favor del señor García Ortiz, al entender que hacerlo era, nada más y nada menos, que «una necesidad democrática», «un acto de responsabilidad, no de confrontación» y, por si lo anterior fuera poco, «el proceso contra él puso en riesgo la confianza institucional»

3. A juicio de los firmantes de este manifiesto, la condena de Álvaro García Ortiz ha sido el error más grave de toda la historia judicial española y la pena impuesta desproporcionada y de una indiscriminada severidad, a lo que hay que sumar que los servicios prestados por don Álvaro han sido ingentes y su prestigio algo más que reconocido, pues se lo ha ganado a pulso desde que ingresó en la carrera fiscal allá por el año 1998 y, acto seguido, fue destinado a Mahón.

4. No obstante las circunstancias favorables a la gracia que concurren en don Álvaro, los magistrados de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo que lo condenaron, impulsados por el violento vendaval de  la crueldad, han informado desfavorablemente la petición de indulto, al considerar que, aparte de la gravedad de los hechos y producir una afectación importante de la institucionalidad del ministerio público, los proponentes del indulto no informan ni justifican las razones de justicia, equidad y de utilidad que aconsejarían la gracia.

5. En sentido opuesto al tribunal sentenciador, la fiscal María de los Ángeles Sánchez Conde, en representación del Ministerio Público, se ha declarado abiertamente partidaria del indulto porque, según puede leerse en su informe, «la condena de don Álvaro generó consecuencias extrapenales intensas y desproporcionadas».

6. Quienes suscribimos sabemos que la ausencia de arrepentimiento por parte de don Álvaro respecto a los hechos que le valieron su condena, lleva aparejada la denegación del indulto y que, por tanto, esa actitud del señor García Ortiz no habría de beneficiarle, como tampoco le servirá de ayuda que cuando conoció la sentencia la calificó de aberración jurídica y que había supuesto su muerte civil.

7. Admitimos que el comportamiento de don Álvaro estuvo regular, tirando a mal. Tampoco tenemos inconveniente en reconocer que de las cuatro virtudes cardinales, la prudencia y la templanza nunca fueron en él características suficientes para evitarle ciertos problemas y que es una pena que, precisamente por eso, por desconocer el límite de su propia estima cayese en el vértigo que le llevó a conducirse de manera tan primaria como probablemente lo hiciera.

8. No obstante lo anterior, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad queremos deciros que don Álvaro García Ortiz no es tan malo como algunos piensan que es y el Tribunal Supremo afirma que lo es, aunque ni a los primeros ni a los segundos les falten motivos para pensarlo. Los mismos cueros tienen todos los fiscales, al igual que los jueces, al ingresar en la carrera y sin embargo, cuando van cogiendo trienios, el ritmo del escalafón se complace en variarles como si fuesen de cera y en destinarlos por sendas diferentes. Hay fiscales a quienes el azar les lleva por el camino de las flores, y fiscales a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquellos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya (…); o sea, como el protagonista de La familia de Pascual Duarte.

9. Y poco más, salvo proclamar que esta declaración es un ruego de misericordia que formulamos en nombre propio y en el de tantos y tantos que, noche tras noche, permanecen en vela rogando al cielo que les ayude a conseguir que el indulto amortigüe el dolor del señor García Ortiz. Por favor, hagamos todo lo que esté a nuestro alcance, que es mucho, para remediar su desdicha. Nunca la gracia estuvo más justificada. Si por ventura, el gobierno pusiese delante de Su Majestad el Real-Decreto de concesión del indulto a don Álvaro García Ortiz, tengan por seguro que serán muchos los ciudadanos que habrán de celebrarlo y que en su día, mediante el voto, premiarán a don Pedro Sánchez por haber resultado ser persona de espíritu elevado, sabedor de que aplicar la indulgencia a don Álvaro podrá borrar buena parte de sus perversidades y ser visto como el gran virtuoso que se presenta ante su gente con un dardo con la punta hacia abajo, que es el símbolo de la magnanimidad.

Por todo lo expuesto;

SOLICITAMOS LA ADHESIÓN a la petición de indulto de don Álvaro García Ortiz y que, con su concesión, se declaren extinguidas las penas que cumple recluido en la fiscalía de lo Social y de este modo, aunque no retorne al puesto que ahora ocupa doña María Teresa Peramato, se ponga término a los sufrimientos que con tal motivo viene padeciendo. Es merced que esperamos alcanzar.

Envío adjunto al proyecto de manifiesto.

Estimados señores: Ruego que no vean en este texto razones estrictamente jurídicas y tampoco exclusivas motivaciones políticas. El argumento que ofrezco para que se pueda indultar a don Álvaro García Ortiz es sentimental, que no lastimero, sin llegar, desde luego, a ilusiones humedecidas con lágrimas de amante frustrado. Lo que les mando es lo que pienso. Obren ustedes con arreglo a su sabio entender y prudente querer. Ojalá que acierten a dar en la diana que la iniciativa se merece. Me despido con un consejo. No hagan caso a los progresistas de salón ni a los apóstoles de soluciones mágicas que, en buena ley e inteligente norma, hace tiempo que deberían estar prohibidos por decreto.

Artículo publicado en Libertad Digital el 13/10/2026